Para Pedro con amor

 

Para Pedro.

Pase gran parte de vida con Pedro, fueron unos años esplendidos rodeados de la familia y de los vecinos, entonces aún había la figura de la portera, la señora María, que cuidaba de nosotros y nosotras, mientras salíamos a jugar al portal.

Vinieron épocas de colegios, y además veíamos la televisión y jugábamos con sus muñecos, entre ellos Jovi y Barato, su fuerte del oeste, su órgano electrónico, que solo consentía alguna vez y a determinadas personas que tocaran sus cosas. Pedro era muy ordenado y cuidadoso con sus cosas, sus vaqueros, sus banderas del mundo (que se las sabia todas) y el calendario donde miraba el santoral para felicitarnos.

Después vinieron otras épocas, como La Comunión, él estaba pletórico, encantando y era la única persona que no pensaba en los regalos, solo que iba a recibir su primera comunión, podría ir a misa y comulgar a partir de entonces, era como si se hubiera echo mayor de repente.

En el colegio empezó a tener problemas, bullying escolar, lo llaman ahora, entonces su madre lo saco del colegio…total para que iba a ir…ella ya le daba todo el amor que necesitaba y los que le rodeábamos también..

La verdad es que era otra forma de vida, estamos hablando de los años 60- 70, y no existían herramientas, ni recursos para personas como Pedro, las únicas necesidades se cubrían con la familia, las amistades, los vecinos, entre ellos Jovi, José Antonio, Josela…

Íbamos creciendo y aprendiendo de la vida, mientras él vivía en su mundo de ensueño lleno de alegría y jubilo. Cada día nos enseñaba algo nuevo, la empatía, la solidaridad el cariño y todos los besos y mimos que nos nadaba.

A veces con su lengua de trapo decía palabras que nos contagiaba, como “cucos malos”, refiriéndose a los dibujos animados y todos al final estábamos contagiados de ciertas palabras como esa que la tomábamos en nuestra jerga.

Pedro se hizo mayor, más mayor de lo que es normal en personas con síndrome de down, pero cada día que pasaba nos daba una lección de moral y sabiduría.

Nos dio amor y afecto, besos y alegría…hasta que un día cogió su maleta con sus tres cromosomas 21 y se fue a reencontrarse con su madre, pero todos los días lo tengo presente, dejó una huella, que otra persona no podría haber dejado.

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